1. Creemos en un solo Dios, como se revela en el Antiguo y el Nuevo Testamento, que es el Espíritu Santo y el Padre de nuestro Señor Jesucristo.

2. Jesucristo es el Hijo de Dios vivo, quien ofreció su vida sin pecado por la salvación de la humanidad. Su sacrificio es el único necesario y aceptable a Dios para que el hombre reciba la gracia de la vida eterna y viva hoy en una vida nueva.

3. Las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, tal como fueron dadas originalmente por Dios, son completas (se iluminan y complementan mutuamente), inerrantes (no contienen contradicciones ni errores) y eternas (aplicables y relevantes en nuestros días), un paquete de revelación para la salvación, seguridad y beneficio del hombre.

4. Si una persona confiesa a Jesús como Señor y cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, recibe el don del Espíritu Santo, la semilla incorruptible de Cristo, y nace de nuevo como hijo de Dios. Como cristiano, tiene la salvación de la vida eterna y la capacidad de ejercer poder espiritual y producir fruto espiritual. El nuevo nacimiento marca el inicio de la identificación con Cristo, lo cual da como resultado una nueva vida. Sin embargo, para experimentar esa nueva vida, es responsabilidad de cada creyente comprobar a su propia satisfacción la buena, aceptable y perfecta voluntad de Dios y vivir conforme a su Palabra.

5. Como parte de nuestra identificación, la justificación por la fe en Jesucristo es común a todos los cristianos y es la decisión legal de Dios de hacer al hombre aceptable a sus ojos, liberándolo de la culpa y la pena de muerte heredadas de Adán. El creyente así liberado puede dejar atrás el pasado y cualquier juicio negativo, y vivir como miembro de la familia de la fe, con respeto mutuo hacia todos los cristianos como hermanos y hermanas en la familia de Dios.

6. Como parte de nuestra identificación, cada creyente está sentado con Cristo a la diestra de Dios como ciudadano del cielo y, por lo tanto, santificado. Apartado de este mundo para el propósito de Dios, el cristiano debe vivir el amor de Cristo y crecer en el poder unificador del don del Espíritu Santo, actuando como un miembro interdependiente y necesario en el cuerpo de Cristo.

7. Como parte de nuestra identificación, el creyente debe esperar con gozo el regreso de Cristo, cuando la Iglesia del Cuerpo de Cristo se reunirá y recibirá nuestros nuevos cuerpos y las recompensas eternas. Esta esperanza divina nos incentiva a liberarnos de una visión limitada de nuestra existencia terrenal y de las cargas y preocupaciones que la acompañan. Aferrándonos a nuestra esperanza, podemos vivir cada día con alegría y consuelo, sabiendo que tenemos el futuro eterno y glorioso que nos espera como hijos de Dios.

8. Los primeros cristianos, tal como se registra en las Escrituras, establecieron el modelo de cómo los creyentes deben organizarse, establecer redes, enseñar y compartir su fe en el Señor Jesucristo.

9. El Diablo, Satanás, es el enemigo declarado de Dios y el acusador y adversario espiritual del hombre. Es el cabecilla de los demás ángeles caídos, ahora espíritus malignos, y juntos se oponen activa y permanentemente a Dios, a Cristo y a sus seguidores, y a la Palabra de Dios. El Diablo y sus secuaces recibirán un día el juicio final y la destrucción.

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